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Fundaciones adelantadas



Me encuentro sorda incluso ante prolegómenos que,
aunque fundados en una intuición poco escéptica,
intentan permear mi realidad de sospechosa felicidad.

Sigo mientras en una casquería sentimental
de inmenso valor entre mis alucinaciones cinematográficas;
deseos con banda sonora.

¿Será la de nuestras vidas?

The world is too much but not with us



¿A veces no te parece que el mundo es demasiado?
De repente el umbral de la sensibilidad disminuye.
La inercia tira más de ti que de costumbre.
Mucho tráfico.
Mucha gente.
Incluso mucha belleza.
Tanto que no puedes abarcarlo todo.
Te agota y te sientes frágil porque te das cuenta de que jamás podrás ser objetivo. "El mundo" como tal no existe en nosotros, cada persona tiene su propia concepción. De esta manera, cada vez que sentimos que dominamos, en realidad no tenemos ni la menor idea. Somos demasiado inestables para algo tan complicado.

Hm. Es completamente ridículo.

Se huele un poquito a tranquilidad...



Harta de escribir imposibles, harta de imaginar e imaginar cosas más que enterradas en tiempos mejores pasados, harta de casi resignarme a un tiempo presente con piezas cada vez más desencajadas y fuera de lugar en mi analítica mente, harta hasta de escribir.

No es algo nuevo a nuestro inventario de historias el hecho de que nos digan que hay cosas en la vida que llegan de golpe y se van de golpe; no sin antes dejar nuestro propio almacén emocional hecho un auténtico desastre. Así fue como comenzó todo (o al menos como yo lo recuerdo), cual huracán arrasador, un verdadero agujero negro espacio-temporal absorbiendolo todo pero con poder insuficiente (nunca consiguió atraparme del todo).
Ahora, sin embargo, todo parece querer tomar su forma original, un salto al pasado, un borrón y cuenta nueva, una verdadera venda en los ojos. Si todo fuera tan fácil como presionar un botón fuertemente con nuestra mirada perdida y volver al punto de inflexión de nuestra vida, la ficción no sería uno de nuestros pilares fundamentales.

La vida se moldea, se acaricia, se lanza a la pared, rebota en el suelo y vuelve a nuestras manos en un ciclo a veces sin sentido. Siempre vuelve. Siempre va a volver. Lo que hay que tener en cuenta es que nunca vuelve igual, todo nos talla y esculpe por dentro; la creación del "yo".

Efecto mariposa



Hoy no hay música ambiente de ninguna de mis listas de Spotify, simplemente estábamos yo y un bol de cereales un 13 de febrero de este mismísimo año (lo que va siendo aquí y ahora).

Recuerdo que cuando todo aquello pasó, un torrente de emociones sin nombre me atropellaron, me dejaron realmente sin conciencia en la autopista (la de mi cabeza, claro). Creé incluso un blog para poder explayarme, sabía que nadie iba a entender nada, que todo lo que se podría encontrar allí sería un verdadero embrollo de sentimientos descolocados, un frenesí de nostalgia, melancolía y tristeza en un mismo bol preparado para su mezcla y un posterior texto elaborado al microondas en tan solo 5 minutos.
¿Qué si me he vuelto a pasar por allí? No, ni creo que vaya hacerlo. No borré ese blog ni mis escritos, están ahí dejando constancia de este verdadero huracán, que no Katrina pero casi.

Estaba pensando en todo aquello mientras cenaba mi típico tazón de crispis con leche. Me había sentado en una parte de la cocina en la que no suelo estar, en la que normalmente se sienta mi padre; quería simplemente observar esa perspectiva suya. En ese momento me he dado cuenta de que, igual que pasó un huracán por aquella casa, ahora me he quedado con un montón de cosas arrolladas en el suelo, muchísimos cuadros descolgados y un incesable silencio que hace más ruido del que la mismísima catástrofe natural se atrevió a organizar en su día.

Llamaré a la puerta al regresar de la universidad sobre la hora de comer una infinidad de veces de aquí en adelante, pero me resulta evidente que un instante antes de pulsar el timbre de la puerta no volveré a escuchar el pitillo de la hoya exprés aguardando algún plato casero propio del pueblo con ingredientes escogidos de la tienda de abajo (desapareciendo poco a poco debido a la llegada de los grandes supermercados al pueblo). Soy consciente de que el sonido de esa vieja aspiradora de bolsa no me va a volver a despertar un sábado. Tampoco voy a oír en las noches de verano el motor del coche junto a vuestras conversaciones de tantos y tantos años de experiencias y tropiezos que os ha dispuesto la vida. Todos estos silencios, y muchos más, van a seguir haciendo eco en mi cabeza, rebotando de una pared a otra cada vez que os vea por separado, cada vez que pise esta casa y cada lugar que una vez atravesamos juntos.

¿Sabéis del efecto mariposa? Cuentan que el aleteo de una simple mariposa puede llegar a desencadenar, en conjunto con otro muchos fenómenos, un huracán en alguna otra parte del mundo. Asombroso y terrorífico a la vez. Pero cierto, totalmente cierto...

Un abrazo desde mi silencio, un lugar en el que a veces no consigo oír nada.

11:44 de la mañana



11:44 de la mañana, sol, 12 grados aproximadamente y un poco de niebla y humo posándose sobre el pueblo debido al anticiclón.
Junto al balcón, intento buscar la concentración para retener en mi memoria algunos de los temas de examen que me tocará vomitar en enero, de fondo oigo la típica musiquilla navideña proveniente de la tienda de abajo.

Hace tiempo que en esa tienda no se cuece la felicidad, de una manera u otra los dueños están caminando por una racha digamos "poco amigable". Me gustaría pensar que esos villancicos que envuelven la calle son una señal; un intento por introducir un ambiente de paz en el barrio y no un elemento capitalista sumándose a los muchos que adornan los escaparates de la calle... Pero para qué nos vamos a mentir.
De repente, se cierra la puerta del balcón, solo se oye el ruido centrifugador de la lavadora en curso y aquí empieza mi reflexión.

Sé de buena mano que hay muchas familias, personas en general, que siguen viviendo con intensidad los bonitos momentos de luces rojas y verdes, árboles nevados y suculentas cenas junto a la lumbre o bajo el brasero; no sabéis lo bonito que me parece. Por si no era de intuir, ya os digo que no es mi caso. No es algo que me haga estar especialmente triste o feliz, más bien me encuentro tras una gruesa barrera que divide estos instantes en "presente y pasado".

Me encuentro en la misma casa, no está adornada como solía estarlo hace 6 años, también es verdad que está un poco más vacía, con el tiempo, trocitos de ella han ido a parar a distintos puntos del mapa; eso no es problema ¿Verdad? Ya hay una excusa para lanzarse a la carretera o sobre el aire.

Mi padre se acaba de poner a tocar Hotel California en la guitarra, acaba de poner en el ambiente, como de costumbre, una bonita banda sonora (mucho mejor que esos villancicos que estaban trepando por la pared del balcón hace un momento).

Todo se transforma en algo un poco más nostálgico. No ha pasado tanto tiempo y, sin embargo, todo dista kilómetros de aquellas cenas familiares y aquellos paseos por la tienda de figuritas (perfecta para el "amigo invisible"). Las cosas están en un nuevo sitio, la partida de ajedrez está en un punto un poco extraño, como en un puente entre dos montañas; o eso, o que yo aún no sé encajar del todo las piezas de este pequeño embrollo. 
Aún así, aún después de todo, estoy agradecida de que, aunque las piezas que rigen nuestra vida no estén estáticas, puedo disfrutar de los pequeños tesoros que han envuelto esta casa a lo largo del tiempo.

Ya se ha acabado la canción de guitarra, ahora es la gata la que no para de maullar.


Carta: brillantes del universo



A mi parecer, cada uno de nosotros conformamos un universo, y como en el nuestro propio, hay miles, qué digo, millones de elementos y todos los que llegan a nuestros ojos, de alguna manera, brillan.
Para mí, todos tenemos nuestro brillo, pero para cada persona brillamos de manera diferente: diferente intensidad, diferente color, diferentes vibraciones... En definitiva, un conjunto de emociones alternativas.
No me gusta la sensación que provocan algunas personas haciéndonos sentir diminutos siendo ellas muy grandes, todos conformamos con nuestro brillo ese universo del que te acabo de hablar. No obstante, me reconforta saber de alguien capaz de alcanzar a quien lo necesita a través de una actitud totalmente humilde, menos mal...
Creo que pocas cosas hay más bonitas que ayudar a alguien haciendo lo que amas, y ahí entras tú. Gracias por conectar tantas cosas importantes en mi vida.