Efecto mariposa
Hoy no hay música ambiente de ninguna de mis listas de Spotify, simplemente estábamos yo y un bol de cereales un 13 de febrero de este mismísimo año (lo que va siendo aquí y ahora).
Recuerdo que cuando todo aquello pasó, un torrente de emociones sin nombre me atropellaron, me dejaron realmente sin conciencia en la autopista (la de mi cabeza, claro). Creé incluso un blog para poder explayarme, sabía que nadie iba a entender nada, que todo lo que se podría encontrar allí sería un verdadero embrollo de sentimientos descolocados, un frenesí de nostalgia, melancolía y tristeza en un mismo bol preparado para su mezcla y un posterior texto elaborado al microondas en tan solo 5 minutos.
¿Qué si me he vuelto a pasar por allí? No, ni creo que vaya hacerlo. No borré ese blog ni mis escritos, están ahí dejando constancia de este verdadero huracán, que no Katrina pero casi.
Estaba pensando en todo aquello mientras cenaba mi típico tazón de crispis con leche. Me había sentado en una parte de la cocina en la que no suelo estar, en la que normalmente se sienta mi padre; quería simplemente observar esa perspectiva suya. En ese momento me he dado cuenta de que, igual que pasó un huracán por aquella casa, ahora me he quedado con un montón de cosas arrolladas en el suelo, muchísimos cuadros descolgados y un incesable silencio que hace más ruido del que la mismísima catástrofe natural se atrevió a organizar en su día.
Llamaré a la puerta al regresar de la universidad sobre la hora de comer una infinidad de veces de aquí en adelante, pero me resulta evidente que un instante antes de pulsar el timbre de la puerta no volveré a escuchar el pitillo de la hoya exprés aguardando algún plato casero propio del pueblo con ingredientes escogidos de la tienda de abajo (desapareciendo poco a poco debido a la llegada de los grandes supermercados al pueblo). Soy consciente de que el sonido de esa vieja aspiradora de bolsa no me va a volver a despertar un sábado. Tampoco voy a oír en las noches de verano el motor del coche junto a vuestras conversaciones de tantos y tantos años de experiencias y tropiezos que os ha dispuesto la vida. Todos estos silencios, y muchos más, van a seguir haciendo eco en mi cabeza, rebotando de una pared a otra cada vez que os vea por separado, cada vez que pise esta casa y cada lugar que una vez atravesamos juntos.
¿Sabéis del efecto mariposa? Cuentan que el aleteo de una simple mariposa puede llegar a desencadenar, en conjunto con otro muchos fenómenos, un huracán en alguna otra parte del mundo. Asombroso y terrorífico a la vez. Pero cierto, totalmente cierto...
Un abrazo desde mi silencio, un lugar en el que a veces no consigo oír nada.





