Crepúsculo
Era ya un poco tarde, el cielo estaba algo enrarecido pero cada vez más oscuro, en unos pocos minutos nadie se daría cuenta de qué era lo que lo ensombrecía, un denso manto negro lo cubriría como en cada crepúsculo y su consecuente noche.
Subió por esa calle que tantas y tantas veces había transitado; a veces feliz, a veces apenada, unas cuantas de ellas sola, otras acompañada, pero todo seguía igual, idéntico, impasible, sin una pizca de lástima ni condolencia.
Es cierto que, en ocasiones, algunos lugares te arropan:
"Guardo tus recuerdos más felices conmigo, están a buen recaudo muchacha."
Sin embargo, aquel no era el momento, ni la hora, ni el sitio, ¿Acaso seguía siendo ella misma?
El débil viento la tambaleaba, desencajaba sus recuerdos, cada olor a manzanilla, cada suspiro ahogado... una trayectoria quemada.
Qué pena que el humo no deje ver, qué pena que haga que escuezan mis ojos enrarecidos y oscuros, qué pena no dejar paso al dulce aroma de la manzanilla.


2 comentarios
Write comentariosCrecer y despegarse de los recuerdos. Debe ser bueno, yo aún no lo se.
ReplyUn beso
Queda siempre algo, al fondo, oculto entre otros recuerdos, siempre queda algo que vuelve.
ReplyUn abrazo